EL LOBO Y EL CORDERO
¿Por qué hablar de esta fábula?. No tengo ni idea, pero hace unos cuantos días que ronda en mi cabeza. Desconozco qué ha hecho despertar ese recuerdo infantil que últimamente ocupa mis pensamientos. Retrocedamos en el tiempo, a 1º de ECG. Tenía 6 años y leíamos en clase. Me resultaba frustrante que nos hicieran leer tan lento y que se empeñaran en hacernos marcar de forma tan exagerada la entonación. “Tenéis que marcar que es una pregunta”, decía la profesora. Mientras tanto yo pensaba: “Pero si la gente no habla así”… Sigo pensando que yo tenía razón.
Recuerdo el dibujo de un lobo y un corderito bebiendo agua en un arroyo. El título del cuento era “El lobo y el cordero”. Contaba la historia de un corderito y un lobo que coincidieron en la orilla de un río. Primero el lobo acusó al cordero de haberle molestado enturbiando el agua, pero el corderito le respondió que eso era imposible, puesto que estaba bebiendo en una zona más baja que él. Después el lobo le acusaba de haber molestado a su padre hace 6 meses y nuevamente el cordero le dijo que debía haberse equivocado, puesto que 6 meses atrás él no había nacido. El lobo finalmente dejó de buscar excusas y se comió al corderito. Cuando llegué a casa le conté la fábula a mi padre y le dije que no entendía el cuento. Me contestó:
- A veces no hay que discutir.
- Pero papá – dije yo- el corderito tenía razón. No es justo que el lobo se lo comiera.
- El mundo es así.
“El mundo es así”. A lo largo de mi vida he oído muchas veces esa frase.
Hace mucho tiempo que la niña de 6 años desapareció, en su lugar hay una persona adulta que sigue sin entender del todo el relato. ¿La fábula nos enseña que a veces es mejor no discutir o que hay gente que buscará cualquier excusa para poder dañarnos?. Entiendo lo que quería decir mi padre. Lo entiendo, pero no lo comparto. Mi neurona conspiranoica (seamos sinceros, todos tenemos una) grita a los cuatro vientos que ese y otros cuentos es una forma de adoctrinarnos desde la infancia a no llevar la contraria a los poderosos. El resto de mi cerebro trata acallarla diciéndole que la finalidad de explicarnos esa historia es que aprendamos a no meternos en batallas que seguro que no podemos ganar. Una parte de mí piensa que la neurona conspiranoica tiene parte de razón.
Tal vez sea hora de reescribir el cuento. En un universo paralelo, el corderito evaluó la situación, y salió corriendo antes de que el lobo la atacara. Llegó junto a su padre y le explicó lo que había pasado y que no entendía por qué se había comportado así el lobo.
- A veces no hay que discutir- dijo papá carnero-.
- Pero papá -dijo el corderito- yo tenía razón. No es justo que el lobo me haya querido comer.
- El mundo es así.
Una oveja que pasaba por allí oyó la conversación y dijo que ella también había sufrido falsas acusaciones por parte del lobo, y luego otra, y luego otra… Finalmente se dieron cuenta de que todas habían sufrido sus agravios.
- Pero no podemos hacer nada -decían con tristeza-.
- ¡Claro que podemos! -dijo la oveja más anciana-.
- Él tiene unas garras enormes y unos terribles colmillos, nos destrozaría si le diéramos la menor oportunidad.
- Es cierto que él tiene garras y colmillos –repuso la oveja anciana- pero nosotras tenemos un escudo de lana. Es posible que pueda dañarnos, pero seguro que menos de lo que nos imaginamos y menos aún si permanecemos unidas. ¡Vale la pena intentarlo!.
A partir de ese día las ovejas se movieron al unísono, todas juntas, como el rebaño que eran y no tardaron mucho en encontrarse con el lobo en el río.
- ¡Oye, cordero!- bramó el lobo-. ¿Cuántas veces debo decirte que no enturbies el agua mientras bebo?
- No puedo enturbiar el agua que bebes, tú estás en la parte de arriba del río y yo en la de abajo –dijo el corderito-.
- ¡Y además eres un respondón que ha molestado a mi padre desde hace más de 6 meses!
- Eso no es posible, hace 6 meses no había nacido –dijo papá carnero-.
- ¡Vais a aprender a no llevarme la contraria!- exclamó el lobo-.
En menos de un segundo se abalanzó sobre la ovejita anciana y le mordió una de sus patitas traseras. La ovejita lloró de dolor. Unas cuantas ovejas retrocedieron, pero otras muchas se tiraron sobre el lobo, dándole cabezazos, golpeándole con las pezuñas y mordiéndole la cola. El lobo aulló de dolor, de sorpresa, de rabia… y soltó la patita de la oveja. De pronto se vio rodeado por las ovejas y éstas le tiraron al río.
- Esperamos que esto te refresque las ideas y que te lo pienses mejor antes de meterte con una de nosotras.
La ovejas se marcharon al prado y durante días cuidaron de la oveja anciana. La herida era mucho menor de lo que esperaban y sanó rápidamente. El corderito le traía los brotes más tiernos y jugosos y papá carnero la ayudaba a caminar haciendo que se recostara sobre él. El rebaño siguió unido aunque el lobo ya no fuera una amenaza, las ovejas descubrieron que no sólo eran más fuertes de lo que pensaban, sino que también les gustaba estar juntas. Con el tiempo volvieron a coincidir con el lobo en el río. Éste bebió sin decir nada, con orejas gachas. El rebaño se agolpó alrededor de la ovejita anciana, que aún cojeaba levemente y dejaron que bebiera la primera, en señal de respeto. A pesar de ser mayores en número y más fuertes de lo que habían imaginado nunca increparon al lobo, decían que no querían convertirse en aquello que siempre habían odiado.
Quiero pensar que tal vez un día nos demos cuenta de que podemos reescribir los cuentos y darles un final alternativo. Y quiero pensar que tal vez, algún día, nos atreveremos a hacerlo.
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